27 enero 2016

Victoria Beckham es racista

Nada más lejos de mi intención que ser xenófoba con esa xenófoba de tomo y lomo que es Victoria Beckham. 

Está claro que no voy a ponerme yo (como nativa de la Costa del Sol que soy) a pasarle por las narices la cantidad de paisanos suyos que cobijamos en nuestro país sin preguntarles antecedentes penales ni si son el estrangulador de Holloway o algo. Una muestra de esta hospitalidad con los ciudadanos de los países ricos (con los de los pobres, ya sí que pedimos más referencias) se demuestra por ejemplo en ella misma, aunque no encuentre una casa acorde con su megalomanía hortera y le moleste el olor de España en general. 

Nosotros somos tan guays que no nos reímos ni nada (como hacen sus compatriotas) cuando la llamamos la Spice pija porque, ignorantes de nosotros, pensamos que efectivamente ella es «niña bien» (vamos, que si tuviera 15 años estaría en el Vips de Lista tirando huevos a diestro y siniestro) y, con esto de que es guiri, no nos damos cuenta de que es la típica nueva rica que quiere ir de rica de toda la vida. 

Y es que querer aparentar lo que uno no es resulta bastante patético. Lo mismo de ridículo resulta ver a Enrique Iglesias diciendo «o sea» vestido de pandillero chicano que a Victoria intentando apuntarse al acento posh y tapando esa ordinariez genética con modelitos de Dolce y Gabanna.

No seré yo, por supuesto, quien le eche en cara a esta presunta cantante que no le guste España, a mí tampoco me entusiasma.Pero digo yo que, ya que tiene que venir de vez en cuando, podía abandonar en algunas ocasiones esa expresión de estar oliendo algo muy desagradable (no sé, quizá a chorizo frito o a paella) y que parezca que está contenta de recibir, por ejemplo, un premio.El martes, durante la entrega de los Premios Elle parecía que más que darte un galardón por considerarte la Mejor Mujer Internacional (que bien sabe ella que no se lo dieron porque lo piensen de verdad, sino porque su asistencia sirve como publicidad magnífica) te daban el premio Limón.

Menos mal que estaban por allí chicas con clase de verdad (que muchas veces no tiene nada que ver con el árbol genealógico) como la encantadora Martina Klein, la siempre sonriente (que aprenda Vicky) Trinidad Jiménez, Marta Sánchez con un look muy ochentiano que hacía recordar su etapa de Olé Olé, Jaydy y Amargo (los presentadores), el guapísimo Ariel Rot, Carla Royo Villanova (que normalmente va muy discreta e ideal pero llevaba un modelo tipo dama goyesca que no le favorecía nada), la simpatiquísima Paula Vázquez y Mónica Cruz, otra que tiende al hieratismo en sus comparecencias públicas, como si la fama le resultara supertediosa e insoportable. En fin, que digo yo que si a Victoria no le apetece fijar su residencia en Madrid, pues bueno, que viva en Inglaterra y que no se preocupe porque entre la Susi y unas cuantas más, su Beckham no va estar descuidado.

Sube. Lo llevábamos intuyendo desde hace tiempo, pero la confirmación ha llegado con Días de fútbol, una película con diálogos magníficos, recomendable y divertida en la que Ernesto Alterio borda su papel.El personaje corría el riesgo de caer en el tópico de la parodia del chico de barrio, pero Alterio consigue el punto justo, como si fuera de la misma Elipa, de toda la vida. Los mejores momentos de esta película, con la que se identificarán todos los treintañeros con síndrome de Peter Pan (o sea, un 90% de la población masculina mundial), son en los que aparecen Alterio y Fernando, el quinqui andaluz perfecto que, eso sí, corre el riesgo de encasillarse.

Sube. Esta semana han actuado en Madrid dos grupos que renuevan el flamenco (Chambao, por el lado de la electrónica, que no del chill out porque eso tiene de chill out lo que Belén Esteban de clase) y Las Niñas, por el lado del hip hop más light. Todo un descubrimiento por parte de la anémica industria musical.Como detalle petardo, entre tanta censura por hablar en contra de la guerra de Irak y tal, comentar que una de ellas, Alba Molina (hija de los maestros Lole y Manuel), fue el primer gran amor de Alejandro Sanz y que al parecer rompió con ella (según el libro de Capi) porque la muchacha hizo declaraciones a la prensa sobre su relación.

Baja. Reconozco la capacidad de la Casita de Wendy, que participa por primera vez en Cibeles, para darse a conocer (parte esencial del artista pop moderno). Tuvieron un buen golpe de efecto convenciendo a Björk de que se pusiera uno de sus trajes en su actuación de Benicàssim y se han convertido en la marca fetiche de las Lalys que abarrotan el Ochoymedio. Pero con ellos me pasa como con La Monja Enana. No me creo esa presunta inocencia, ese aire infantil que es imposible tener cuando el cociente intelectual corresponde a la edad física y además, no es por nada, pero deberían pagar un canon a Agatha Ruiz de la Prada, por intertextualizarla.

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