18 octubre 2014

Aido la chica ZP y su vida en Manhattan

En una sala sin ventanas junto a un ala de la ONU conocida como Ikea por sus paredes endebles, cientos de mujeres escuchan lo que (tal vez) es un chiste de Michelle Bachelet. «Si Lehman Brothers se hubiera llamado Lehman Sisters quizás no habríamos tenido un problema», dice la ex presidenta chilena y ahora directora de ONU Mujeres. Hillary Clinton ríe a su lado, igual que la mayoría de la audiencia, casi exclusivamente femenina y a la que la frase le suena a nueva.

Observando con atención qué pasa en el estrado pero perdida entre el público, aplaude Bibiana Aído, que pronunció esas mismas palabras hace un año, en y ahora asesora a Bachelet. La autora de la frase fue una ministra británica en agosto de 2009, pero la española la difundió en el mundo hispano-hablante. La ex ministra de Igualdad debuta en su cargo de Naciones Unidas en un acto con presidentas y ministras para defender la participación política de las mujeres, una puesta de largo para la nueva organización con Clinton y Dilma Rousseff, la presidenta de Brasil, como anfitrionas. Vestida de traje de chaqueta beige sin una arruga visible, con el pelo muy liso y la manicura recién hecha, Aído controla la sala y da instrucciones sobre dónde tiene que sentarse cada una.

Aído ha tomado posesión de su puesto hace un par de semanas. La organización, creada con la fusión de otras cuatro divisiones y que espera doblar su presupuesto de 250 millones de dólares (183 millones de euros), no explica qué hace exactamente la española, aunque la ex ministra se suele sentar delante del ordenador antes de las nueve y sale de la oficina cuando ya ha anochecido. Al menos así cuenta que es esta semana de Asamblea General de Naciones Unidas en que Barack Obama se cruza con Mahmoud Ahmadineyad por pasillos inundados con líderes de 193 países.

«ESTOY ENCANTADA»

«Eso de comer delante del ordenador debería estar prohibido», exclama Aído, algo sorprendida del cambio de ritmo respecto a España. «Acabo de aterrizar, pero estoy encantada, es una gran oportunidad poder trabajar por la igualdad en Naciones Unidas», explica a LOC por teléfono mientras termina de preparar reuniones para la semana ministerial. «Menudo momento he elegido para empezar», dice.

Los telefonistas no la encuentran en el directorio de Naciones Unidas y hasta en ONU Mujeres sus colegas balbucean al repetir el nombre cuando se pregunta por ella. Aún les está enseñando a pronunciar «Bibiana», el nombre de pila que siempre utiliza en un ambiente de trabajo informal. Es el único que se oye en su contestador y el que utilizan sus colegas -o algo parecido, más cerca de «Babiana»- al asomar la cabeza «a ver si está en su mesa» y buscarla entre una plantilla de 355 empleados en la que 80% son mujeres. Aído no tiene secretaria ni asistente y contesta a cualquiera sin preguntar quién llama. ONU Mujeres asegura que pretende crear una atmósfera especial en su nueva oficina en el rascacielos de la calle 42 conocido como Daily News Building. El edificio es un clásico del perfil de Manhattan desde 1929, fue sede del tabloide neoyorquino hasta 1995 e inspiró la redacción ficticia del Daily Planet de Superman.

«Cada empleado tiene su espacio de trabajo, pero éste está abierto a los demás de manera que la comunicación entre las personas sea fluida y la cooperación, estrecha. En ONU Mujeres creemos que para conseguir nuestros objetivos es fundamental el diálogo, así que tratamos de predicar con el ejemplo y tender todos los puentes para el diálogo», explica Inés Esteban González, portavoz de la organización, que limita los contactos de Aído con la prensa porque «acaba de llegar».

La ONU está especialmente alerta después de las críticas por el nombramiento político de Aído que impidió un puesto directivo para otra española y referencia de diplomáticos, Cristina Gallach. La políglota ex portavoz de Javier Solana en Bruselas, actual funcionaria del Consejo de la UE, ha marcado durante años la agenda de la Política Exterior europea. El puesto ya la estaba esperando en Nueva York cuando se anunció el nombramiento de Aído en junio.

La nueva asesora tiene ganas de vida social en una ciudad que siempre le ha gustado y ya exploraba como ministra cuando alargaba su estancia para aprovechar algún domingo en los clubes de Manhattan. Recomienda Garage, un restaurante en el West Village a pocas manzanas de la casa de Sarah Jessica Parker. O el mejor escenario de jazz de la ciudad, al lado de la Ópera del Lincoln Center.

La ex ministra, de 34 años, tiene fama de viajera y de no apresurarse por volver a casa. Durante la presidencia española de la UE, el año pasado, alargaba hasta las visitas a Bruselas, donde era una de las ministras más presentes en actos del Parlamento Europeo cuando sus colegas salían huyendo en seguida.

En su debut social en la residencia del embajador español junto a la Quinta Avenida hace una semana, Aído se paseaba entre abrazos, besos y sonrisas de diplomáticos y antiguos colegas. La ministra Trinidad Jiménez, que dirige la delegación española en la Asamblea de Naciones Unidas, siempre afectuosa, la interrogaba por su novio, que se ha quedado en Madrid e intenta buscar un trabajo en Manhattan.

La recepción era un vaivén de diplomáticos y funcionarios cansados después de días de preparación para la semana estrella en Naciones Unidas; algunos aún estaban tocados por el cambio de horario, recién llegados a Nueva York. A su lado, Aído lucía un aspecto impecable. Con un traje rojo brillante, a juego con las uñas recién pintadas, contaba retales de su nueva vida. Sociable, sonriente y abierta con una cerveza en la mano y ganas de «hacer piñita» con la comunidad española en Nueva York.

Como asesora especial, su sueldo es público, aunque esté fuera del cuadro de funcionarios y dependa de la decisión de Bachelet. Con un nivel equivalente al de los altos funcionarios (D-2 en la ONU) que acaban de llegar y no tienen hijos ni esposos, su remuneración básica neta oficial es de 102.847 dólares (76.751 euros) después de impuestos, es decir unos 6.400 euros netos al mes, además de otros complementos por el coste de la vida y los gastos de viaje o representación. Incluso con buenas condiciones laborales, ha tenido que sufrir como cualquier expatriado con el burocrático y disparado mercado inmobiliario neoyorquino, que exige garantías y papeleos extra a los extranjeros y no deja de subir ni en tiempos de crisis.

VISTAS AL EAST RIVER

En el barrio junto a Naciones Unidas donde vive Aído, un apartamento de dos dormitorios supera de media los 5.000 dólares (más de 3.700 euros), según el último informe del mercado de alquiler en Manhattan de The Real Estate Group, el mayor broker de la ciudad. Y eso sin contar lujos especiales. La casa de Aído, que acaba de estrenar piso en una planta 19 de la Segunda Avenida, tiene vistas al East River, el brazo del río Hudson que separa la ONU de Brooklyn, donde está uno de los barrios favoritos de la ex ministra.

Aído suele recomendar Williamsburg a quienes llegan a Nueva York. Un barrio de moda hace años donde las viejas fábricas fueron reconvertidas en bares de música alternativa y restaurantes caros, pero que ahora está en declive. El año pasado cerró Mercat Negre, un catalán con paredes de ladrillo descubierto en que su chef presumía de haber estudiado en El Bulli y ofrecía tapas creativas en una barra brillante de diseño.

Pero Aído sigue recomendando la zona, bien conectada en metro con Grand Central, su estación de referencia. Va caminando al trabajo, que le queda a unos 10 minutos, pero cuando puede se escapa desde ese punto neurálgico. Una funcionaria de Naciones Unidas cuenta cómo la vio un día «perdida, arrastrada» por la masa apresurada entre los largos pasillos de mármol que no han cambiado desde que Cary Grant corría por ellos en Con la muerte en los talones.

Pasea a menudo por la calle 42, que conecta la estación con su nueva oficina. Sólo le falta tararear la canción La gloria de Manhattan de Javier Ruibal, gaditano como Aído y amigo personal de la ex ministra. Se vieron la semana pasada cuando el cantante fue a tocar a La Nacional, un bar de copas español en Chelsea que también acoge actuaciones. A Ruibal le dio tiempo a pasarse por la protesta de manifestantes que intentaban acampar sin éxito en Wall Street. Y a cantar aquello de «airoso como los cabales / bajaba la 42 / con un vasito de cerveza / y un cantecito echao a media voz».

«La gloria de Manhattan empieza a partir del quinto piso», canta, entre palmas, Ruibal. ONU Mujeres está en el decimoquinto.  

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