06 septiembre 2014

A Chloe Sevigny le encanta bailar

Las primeras secuencias de The last days of disco surgieron en marzo de 1994. Desde entonces mucho se ha escrito y se ha dirigido sobre la música disco, los clubes nocturnos y todo lo que arrastró ese movimiento social de los años 70 y principios de los 80.

A pesar del empacho disco, Whit Stillman se empeñó en continuar su trabajo y cerrar la trilogía de comedias urbanas que comenzó con Metropolitan (su opera prima, candidata al Oscar al Mejor Guión Original en 1991) y que continuó con Barcelona. «The last days of disco conecta con Metropolitan, es la vida de aquellos personajes 10 años más tarde», asegura Stillman.

Protagonizada por Chloe Sevigny, Kate Beckinsale, Chris Eigeman, Mackenzie Astin, Matt Keeslar y Robert Sean Leonard, The last days of disco se desarrolla en Manhattan, concretamente en un club que podría ser la mítica discoteca Studio 54 y narra las relaciones entre un grupo de amigos que comparten su pasión por la música disco. «Confieso que la película es demasiado autobiográfica, por eso quise que las protagonistas fueran dos chicas, para separarme un poco, pero el ambiente sí es el que yo viví entonces en Manhattan».

A primera vista, los personajes de Stillman pueden parecer algo falsos y bastante frívolos. «Frívolos deben serlo porque tienen 20 años. No creo que sean malos con sus amigos, las peleas son normales, de hecho, entre mis amigos españoles ahora algunos ni se hablan», matiza.

Whit Stillman está convencido de que delegar resulta algo arriesgado, así que en sus tres trabajos su nombre aparece como director, guionista y productor. Ahora se encuentra en España dirigiendo el doblaje de la película que participará en el próximo Festival de Sitges y que se estrenará el 29 de octubre. «En este tipo de comedia es muy importante la traducción. Esto de dirigir el doblaje está resultando apasionante, es como hacer otra minipelícula», explica en un perfecto español.

The last days of disco se rodó en menos de dos meses con un presupuesto de unos 1.200 millones de pesetas, una cifra que la convierte en una película privilegiada dentro del cine independiente. «No significa que la filosofía del cine independiente haya muerto, pero si cuentas con gran presupuesto, los productores es cierto que exigen tener alguna estrella en el reparto porque los caminos de distribución son diferentes. Hay que conjugar independencia con comercialidad». Stillman considera cerrado un ciclo centrado en su propia experiencia, ahora prepara historias centradas en las memorias de otros. Su próximo proyecto será una película basada en la vida de una actriz china, Anchee Min, titulada Azalea roja. «Espero no tardar tanto», concluye.

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