17 abril 2012

Una cara feliz, una cultura

Caras felices. Los investigadores detectaron que en las caras felices la expresión de los ojos de los occidentales es menor que en los orientales, que identifican la alegría gracias a ese sutil gesto.

Conocer el estado emocional de una persona con mirarla a la cara no es tan fácil como se cree cuando se trata de individuos de diferentes culturas. Así lo asegura un estudio que ha revelado que la expresión de las conocidas como seis emociones básicas (felicidad, sorpresa, temor, disgusto, enfado o tristeza), es distinta entre los orientales y los occidentales. Es decir, no son gestos tan universales como se pensaba.

Los investigadores de la Universidad de Glasgow utilizaron una plataforma informática para reconstruir las representaciones mentales de estas seis emociones en 15 europeos y 15 chinos que tuvieron que clasificar 4.800 animaciones según su emoción y su intensidad. «Lo que comprobamos es que los occidentales sí tienen seis claras expresiones faciales para cada una, pero no los asiáticos, que solapan muchos gestos en emociones distintas. Además, los primeros usan todos los músculos de la cara, y sobre todo la boca para expresar asco o ira, mientras los segundos utilizan los ojos», explica a Rachel E. Jack, que ha dirigido el trabajo, publicado en la revista Proceedings of National Academy of Science (PNAS).

Jack reconoce que estas diferencias culturales «pueden generar confusiones en las interacciones culturales que tienen que ver con la comunicación de las emociones». «Por ello es importante mejorar el conocimiento de estas diferencias culturales y su reflejo en las conductas humanas», argumenta.

Según el catedrático de Psicología Carmelo Vázquez, los expertos ya han asumido que, aunque hay emociones humanas prototipo o extremas, la mayoría son muy complejas, como la vergüenza, o muy sutiles. «Podría decirse que la cara es el espejo de lo que se siente, pero que está distorsionado en cada cultura, y aún así es importante para comunicarnos, como se demuestra en el caso de los autistas, que no pueden hacerlo», señala Vázquez.

Jack, por su parte, adelanta que seguirá investigando en otras culturas en busca de sus otras caras emocionales.

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