29 julio 2013

El moño de Sarah Jessica Parker

«Less is more», menos es más. Ese fue el lema de la noche. Pero sólo en cuanto a estilo y fashion, que no en excesos y honores al dios Baco, bien acompañado a lo largo y ancho de la velada. 

Así, bellas y bellacos desfilaron ante las cámaras y los flashes para dar el pistoletazo de salida a la temporada de premios que siempre inauguran los Globos de Oro.Fue en el Beverly Hilton, hotel habitual para dicho sarao, que, en esta ocasión, fue recibido por una tarde-noche algo fría.Una menudencia para el glamour y la belleza, sobre todo cuando cuestan dinero.

Así, poco a poco, como se tercia, la alfombra roja -que, por cierto, iba dejando pelusillas enganchadas en los trajes que la rozaban- se tiñó de un arco iris raquítico, compuesto principalmente por negro, blanco, rojo y tonos crema. Menos es más.

El rojo llegó acompañado de pasión y elegancia, sus dos características principales. Scarlett Johansson y Eva Longoria, como embajadoras de la primera, y Geena Davis y Laura Linney, de la segunda.

El negro trajo a Hillary Swank. ¿Seal? No, el color. El cantante se presentó del brazo de su media naranja, la pálida Heidi Klum, toda ella de blanco. Y él, todo de negro, por supuesto. Pues eso, la Swank llegó a espalda descubierta -como ya hiciera en la última edición de los Oscar-, con el resto tapado estratégicamente y con clase por un diseño de Jean Yu. Y sin marido, el actor Chad Lowe, de quién se acaba de separar. «También somos humanos», explicó ante los micrófonos. Menos es más.

Renée Zellweger y Charlize Theron también apostaron por el negro.La primera, marcando labios, como nos tiene acostumbrados, lució un trapo de seda de Carolina Herrera. La segunda, de un Dior rodeado de capas de tul.

Junto a ellas, también hay que incluir a los hombres, que sin el negro son confundidos con camareros. Una excusa que algunos utilizan para darse a la bebida. Si no, que alguien explique por qué Harrison Ford salió al escenario para presentar a los candidatos al mejor guión con un vaso de whisky en la mano. A pesar de su intento por camuflarlo, a la hora de pronunciar el nombre del ganador tuvo que pasárselo a su sufrida compañera, la voluptuosa Virginia Madsen, para que lo sustuviera. 

Ella, sin cortarse, lo levantó como si de un trofeo se tratara. Seguro que pensaba que a su edad, la de Harrison, claro, menos es más.Menudo globo llevaría, y no precisamente de oro, como el que consiguieron Joaquim Phoenix y Philip Seymour Hoffman, ambos de negro, of course.

Si es que hay que controlarse, y más cuando se sale en la tele y el carné de identidad deletrea un apellido famoso. El mismo George Clooney admitió que iba a empinar el codo para «templar los nervios», pero garantizó hacerlo con moderación. Falta saber si, tras presenciar el fracaso de su Good night and good luck, cumplió con su promesa. Como al final le dieron uno, por Syriana, igual lo tuvo más fácil.

Y por fin el blanco. Color virginal que llevaron, entre otras muchas, dos mamás. Por un lado, Gwyneth Paltrow, ataviada con un disfraz de vestal de Balenciaga que levantó algunos interrogantes sobre su gusto, aunque no sobre su estado. Embarazada de su segundo, un hombrecito que los tabloides aseguran se llamará Capone, como el mafioso. Y, por otro, Reese Witherspoon, con Chanel y sin semilla en su vientre, que ya tiene dos plantas fuera que regar.

Fue noche de pocos accesorios. Destacó la fiebre del brazalete.Eva Longoria lució uno valorado en medio millón de dólares. También hubo mucho pelo recogido. Muchos moños, algunos monstruosos, como la colmena que descansaba en la crisma de Sarah Jessica Parker.

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